Costa Oeste Días 9 y 10: Las Vegas

By Inma Orduna - 8:00



Llegamos a Las Vegas sobre las cinco de la tarde aproximadamente. En el trayecto (recuerda aquí nuestra etapa anterior de la ruta) hicimos una parada en Prim para comer algo. Primer casino, primera montaña rusa y primer súper outlet de moda. 
La temperatura superaba los 30ºC y me sorprendía muchísimo el aire caliente del desierto. 

Y así, entre edificios que parecían cartón piedra, montañas rusas y muchísimos excesos, llegamos a Las Vegas. Nos alojábamos en el Stratosphere, a la entrada del Strip y justo en frente de la White Chapel, dónde hicimos la promesa: en unos años renovamos nuestro compromiso aquí. 






Como primera toma de contacto me horrorizó. ¿Abandonar el romanticismo y la autenticidad de California para ésto? -pensé-. Me volvían loca tantas luces, me parecía una ciudad ordinaria, machista, y no le veía atractivo a tanto exceso. 

Cuando accedimos al hotel empecé a tomar conciencia de lo que nos esperaba, lo había visto en muchos vídeos, películas, ¡pero no me imaginada que de verdad, literalmente, todo el hall del hotel fuese un casino! Lo mejor era empezar a cambiar el chip, ¡tenía que encontrarle un atractivo a Las Vegas que fuese más allá de todo aquello, me negaba a pensar que no lo tuviese! 

Así que después de una ducha, me puse mi bonito vestido de margaritas y nos lanzamos a descubrir la ciudad. Empecé a ver parejas de novios recién casados, ¡aquello me empezó a encantar! y The Venetian, las fuentes del Bellagio,... aquello ya empezó a gustarme un poco más. 





Esa primera tarde después de pasear por los hoteles más emblemáticos, de disfrutar de los espectáculos que casi cada uno de ellos tiene que ofrecer, decidimos regresar pronto al hotel, cenamos en él en Roxy's Diner (no os lo vais a creer, ¡cené una ensalada césar! mi cuerpo ya no aguantaba aquel ritmo americano mucho más) y ¡nos fuimos pronto a dormir!

La siguiente mañana madrugamos, relativamente, y nos lanzamos a las calles a descubrir Las Vegas de día. ¡Allí ya me conquistó! De día, con ese otro ritmo, disfruté muchísimo y descubrimos lugares que sí, a pesar de estar en Las Vegas, tienen un encanto especial. 

Mocha blanco en mano nos dejamos llevar para descubrir lugares que no nos había dado tiempo el día anterior. ¡Qué inmensidad! Así llegamos a Nueva York, París,y el mismísimo Egipto; hasta comer en EggsLut, una cadena especializada en huevos, californiana, que desde que pisamos Los Ángeles estábamos deseando probar. Desde nuestra humilde opinión está un poco sobrevalorada, pero es curiosa y a pesar de todo te la recomiendo. En Los Ángeles son una buena opción en Venice Beach (puedes recordar aquí el post de ese día). 







Después de ello, nos fuimos directos a ¡uno de los mejores planes! hacer una cata de coca-cola. En la misma tienda Coca-Cola probamos hasta 32 sabores diferentes, según los países de distribución. Nos lo pasamos bomba, fue muy divertido y el cuerpo, tras ello, nos pedía una siesta española, ¡en condiciones! 

Queríamos haber aprovechado la piscina en la azotea del hotel, pero el cuerpo después de 10 días de carretera nonstop nos iba pidiendo relax, así que después de una siesta larga, ahora sí, ¡nos pusimos nuestras mejores galas para ver qué nos iba a ofrecer esa noche la ciudad dónde todo estaba permitido!

Y así es como descubrí mi zona favorita de Las Vegas, justo debajo de la High Roller, obviamente la Noria más grande del mundo, ¿dónde iba a estar sino?, hay una zona que se llama The Linq con una calle encantadora donde cenamos en Virgil's, el famoso asador americano, con música en directo. Pasamos una velada fantástica, ¡para nada parecía que estábamos en Las Vegas! Un lugar bastante auténtico dentro de tanto caos, que además culminamos con una visita obligada a Sprinkles, ¡y su maquina expendedora de cupcakes! dónde comprobé por qué el red velvet es su venta número uno. 







Último paseo por Las Vegas, por Wynn, sin duda mi hotel favorito. Últimos bailes y últimas risas en la ciudad dónde todo está permitido. A la mañana siguiente, antes de poner rumbo de vuelta a Los Ángeles, lugar dónde empezó todo y donde iba a terminar, fuimos a ver el famoso cartel Welcome to fabulous Las Vegas, ¡qué cosa tan pequeña para tanto exceso! jajajaja. Y de ahí ya sí, ¡otra etapa favorita! dirección a coger la Histórica Ruta 66 para ¡vivir nuestro propio sueño americano!; que te contaré en alguno de mis próximos posts.

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INMA.







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3 letras rojas

  1. Que bueno que la pasaste muy bien, me encantaron tus vestidos el de margaritas y el rayado, saludos:D

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  2. Qué ganas tengo de dejarme caer por allí! Yo es que tengo debilidad por las luces, aquí cada vez que paso por delante de un restaurante con luces de neon me vuelvo loca, así que no quiero ni imaginarme lo que va a ser aquello!
    Gracias por compartirlo guapa!
    Un beso enorme!

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¡Muchísimas gracias por estas letras rojas!